Conocí a Dita una noche de borrachera. Yo soy el típico hombre con una vida clásica. No soy un “putero”. Eso me ofende enormemente, aunque siempre me ha atraído el 3er sexo. Llevaba tiempo mirando páginas web de transexuales en Barcelona. Me llamó la atención la popularidad de Dita. Visité su web, sus fotos, y leí las experiencias. Si algún día hacía el paso, sería con Dita. Así que un día volviendo de fiesta, mi mujer trabajando, me calenté y decidí llamarla. Me dijo que sí, que venía. Era mi primera vez. Mientras la esperaba me duché. Bien limpio. Llamaron al timbre. Fui a abrir envuelto en una toalla. Dita era incluso más guapa que en las fotos. Me plantó un beso en los morros y yo me quedé indefenso. Pasamos al comedor y continuamos comiéndonos la boca.

Su naturalidad me dejó fuera de juego. Metía mi mano debajo de su falda. Buscando sus nalgas y su miembro. Desde el primer instante estuvo duro. Me arrodillé i empecé a lamer el pene erecto que salía de su corta minifalda. Duro, muy duro. Luego nos tiramos en el sofá. Nos lamíamos mutuamente. Y me cogió y me lubricó el ano con un gel que tenía un olor muy dulce. Entonces me la clavó. Suavemente, poco a poco. Y me susurraba al oído “déjate llevar”…. Y lo hice. Me penetró de pie, de espaldas y de cara. Como yo iba borracho se salió. Se tocaba y me dijo “¿dónde quieres que me corra?”. Por vergüenza y remordimientos le dije que encima suyo. Se corrió entre los dos ojos que tanto me habían atormentado. Y se acabó. Sin embargo Dita no fue fría. Se quedó desnuda en el sofá hablando mientras yo le cogía la polla. Estaba relajada, tranquila. Y luego la eché. Pensé en mi mujer. En mi rutina. Y ella se fue. Lo que no pude olvidar, ni dejar de oler, fue su pasión sincera. Estuve unos cuantos días tocándome el culo y pensando aún en su polla. Dita, no te olvido.

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