¿Qué se puede aportar nuevo sobre Dita y que todavía no esté dicho? Pues sí, la primera respuesta casi sin pensar debería ser que nada. No obstante, para mí, ha sido descubrir a una auténtica nueva Diosa de mi pequeño elenco conocidas y catadas. Va a estar en Madrid. Se me ocurre ponerle un privado cuando publicita que estará en la Avenida de Alberto Alcocer. Paradójicamente, iba a ser muy vecina. Ella me contesta tan cariñosa como es (quien la conoce bien, lo sabe), dándole su dirección de Hotmail al vecinito. Las conversaciones iban en aumento y tras varias noches en vela comentando mil cosas sin parar, escribo y publico el relato con la maravillosa Nykolle. Aquella noche, la noté muy fría y es cuando comienza a decirme que no iba a recibirme, que por favor la borrara y que no contactara con Ella. Ante mi sorpresa insisto y le suplico que me diga cuál es la razón. Después de mucho divagar me confiesa que al leer dicha narración se había puesto “celosa”. ¿Celosa Ella?, ¿de mí? ¡Pero bueno!, perplejo no sé ni qué contestarle,… pero todo se arregla de manera excepcional y retomamos nuestras charlas. Cuando volvía a encauzar la “relación” (cuándo está claro que siempre ha sido o sería llevada por Ella, dado su carácter Leo y de Domina absoluta), se produjeron los hechos desafortunados (más por mi parte, por supuesto) que la guapa de Laila puso de manifiesto. Nuevamente me borra y no consigo saber nada de Ella en, al menos, 2 días. La llamo por teléfono y tras solucionar todo una vez más, acordamos que tenía que portarme bien y no escribirle tanto y quedar de una vez por todas. Cuando mi trabajo me lo permite, un mediodía, sin pensarlo casi, la llamo una hora antes y le digo que es el día y que no aguanto más, que necesito conocerla en persona después de casi semana y media hablando sin parar a todas horas por el Messenger. Me dice que a las 14.00h es perfecto y me da incluso el número de habitación dentro de la dirección alquilada de la que dispone habitualmente cuando viene a Madrid. Son las 14.00h y yo puntualísimo y excitado, como un niño con zapatos nuevos el día de su primer día de cole después de las vacaciones. Las 14.10h y sigue sin cogerme el móvil, debe tener como 4 o 5 llamadas perdidas. Comienzan mis nervios, ¿le habrá entrado un cliente? ¿no querrá recibirme ahora de repente?… Por fin, me devuelve la llamada y pidiéndome disculpas por tenerlo en silencio me pide por favor que espere en el portal nuevamente que Nicole -Nogueira- ha llegado y no quiere que yo la vea y necesita salir de su piso. ¡Wow!, parece que sí que la veré, ¡porque la espera se me había hecho interminable! Vía libre, y al final del largo pasillo de puertas parece que por fin se abre una dispuesta a recibirme. Es un edificio de alquileres, de pisos pequeños de 1 o 2 habitaciones máximo con multitud de ammenities (como dicen los americanos). Dentro, el pisito es de lo más acogedor, con un salón que te agrada y te recibe, y desde donde se puede vislumbrar claramente el cuarto de baña y la habitación con la cama (donde, desde esa primera mirada, sabes que terminarás yaciendo de placer único). La sensación de entrar y girar tu vista tras la puerta, creo que hemos intentado describirla mil y una veces y de mil y una formas distintas, pero… todos sabemos que es espectacular. Allí estaba Dita, preciosa, rubia, indescriptible, sonriendo y mirándome a mí (y solo a mí) con esos ojazos azul cielo que te enamoran y te fulminan desde el primer segundo en el que se fijan en ti. Después de las múltiples conversaciones que habíamos tenido (tanto en el Messenger como por el móvil), era como saludar a una amiga que hace mucho que no ves, pero Ella supo hacerlo diferente al recibirme con un besazo y un morreo que me dejó con las piernas temblando. Rápidamente me pasó al sofá, donde me pidió que me sentara y mi sintiera cómodo y que, por supuesto, me relajara (me había notado nerviosillo). Esa conversación previa que se produce siempre es la más “tonta”, jejeje. “¿Me esperabas así?” “¿qué tal?” “¿Te gusta lo que ves?”. Todas, indudablemente, tenían una respuesta afirmativa, mediante un “sí” rotundo. Es entonces cuando rompe el hielo y me pide que me desnude rápidamente. Apenas he terminado de quitarme el pantalón cuando de un tironazo me baja los calzoncillos y empieza de forma muy apasionada a chuparme la polla maravillosamente. Alternaba los lametones con obligarme a besarla hasta que me pone de rodillas y hace que comience yo a chuparle su miembro. Su tamaño es, para mí y para mi gusto, perfecto. No soy de los mejores realizando mamadas pero merecía la pena esforzarme con la obligación con la que comenzaba a tratarme Dita. Era momento de pasar toda la acción a la cama. Tras levantarme del sofá me tumbo a todo lo largo del colchón y es cuando Ella empieza a ejercer de Domina en su más amplio sentido. Una vez continúa con la mamada de infarto que me estaba regalando, me obliga a ponerme a los pies de la cama de rodillas, a perrito y con los brazos hacia adelante. Mi culo y mi ano estaban completamente a su merced. Sin darme cuenta para nada, tenía en la mano una fusta y un látigo pequeño de tiras largas. Colocaba mi polla a lo largo de su palma de la mano y me daba pequeños golpes con la fusta (¡increíble lo durísima y gorda que se me ponía!), y al mismo tiempo que mordisqueaba y lamía mi ano, de vez en cuando, propinaba pequeños latigazos a en mis nalgas que elevan el nivel de excitación a la máxima potencia. Es hora de mi gran debilidad, el beso negro. Espectacular, maravilloso, único, indescriptible y… sencillamente genial. No para de lamer y chupar e introducir su lengua por todo mi agujerito, ¡Dios qué placer más grande!, estoy, literalmente a punto de estallar. Me pregunta, conocedora de mis vicios (jejeje) “¿quieres que te dé duro?”, y respondo que sí pues mi entrega en ese momento era total y absoluta. Una vez se coloca el condón, en la misma posición en la que me tiene completamente sumiso, con una suavidad exquisita comienza a bombearme mientras se acerca hasta mi oído y me susurra guarradas y que le deje que me domine absolutamente. Las embestidas son cada vez más fuertes y mi culito lo aguanta perfectamente. Ella me agarra fuerte de las piernas y de las caderas para acercarse cada vez más. Ahora cambia de posición y me tumba boca-arriba en el colchón. Me pide que abra bien las piernas y que las coloque en sus hombros. Sentía algo más de dolor, pero la excitación y la pasión que sentía en ese momento, con el placer de poder estar con Dita, hacen que soporte perfectamente ese pequeño matiz ineludible. Ahora, toca otra de pie (nuevamente a los pies de la cama) y es cuando comienzo a escuchar esos ruidos tan perfectos que produce el hueco entre los cuerpos y de los huevos golpeando mi culo (pah, pah, pah)… mmmmmh, estoy que no puedo más y le pido que ahora me toca a mí. Es cuando se vuelve atendiendo a mi petición, se pone de rodillas y la mamada produce que no aguante más y que prefiera correrme explosivamente, poniéndola totalmente perdida de mi espesa leche. Los cuerpos nos piden un poco de descanso y relajación. Tumbados en la cama conversamos sobre ambos, sobre sexo, sobre sensaciones, sobre proyectos, sobre… bueno sobre muchas cosas la verdad porque Dita es incansable en ese aspecto. Es muy inteligente, una mujer de los pies a la cabeza, que sabe lo que quiere, y que analiza bien a la otra parte (que no analítica, jejeje), todo ello, aderezado y regado con una maravillosa simpática y buen humor, hacen una mezcla explosiva que te hipnotizaría, si pudiera ser, durante horas. Me pide un segundo asalto y le reto si es capaz de reanimar a mi miembro. No tarda mucho en contestar y responde perfectamente a los estímulos de la fantástica Dita en las artes amatorias. Quiero ser activo pero Ella insiste (después de la conversación mantenida) en hacerme disfrutar por detrás. Nos chupamos mutuamente en un 69 de infarto y, una vez a tono ambos, se coloca el condón y me dice que me siente sobre Ella. Con mi culito más dilatado que al comienzo del encuentro, se adaptan perfectamente todos mis músculos a toda su polla y me pongo a cabalgar como un loco. Me había avisado, pero el estimulo de mi punto “g” y mi próstata en esa posición creo que es infinito. Disfruto una barbaridad, y no puedo parar de botar y botar. “Agárrate fuerte a mis pechos, apriétalos”, me obliga, “voy a masturbarte, quiero ver cómo te corres sobre mí”, me provoca. Sin darme cuenta, se había llenado sus dedos de lubricante y sus caricias a mi polla durante no mucho tiempo, al unísono con mis botes, producen una nueva corrida en sus pechos de una abundancia increíble, para ser una segunda oportunidad en la misma hora. Me tiemblan las piernas, no puedo parar de resoplar y Dita sonríe y se alegra de verme cómo había disfrutado en ese ratito. Llegaba el peor momento, la despedida. Podría haber estado mil horas allí. Me tengo que volver a trabajar. Esta vez llegaré a mi puesto de trabajo con una sonrisa de oreja a oreja espectacular, jejeje. Me limpio un poco (aunque iba a pasar por casa al no tenerla muy lejos) y nos damos unos besos y unos abrazos hasta nuestro siguiente encuentro. Ese mismo fin de semana vino su amigo y no pudo realizarse un nuevo encuentro y… luego al siguiente cuando Ella podía, no estaba yo todo lo disponible que me hubiera gustado. Total, que por H o por B, se me escapó a su querida Barcelona que tanto ama. Dita, espero tu próxima vuelta a Madrid, con ganas, lo sabes. Ahora, como a ti te gusta decir, ya soy todo tuyo. Nos vemos y nos escribimos pronto. Un besazo fortísimo.

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