No voy a entrar en el tedioso relato de cómo, a lo largo de casi dos años, se había ido planificando esta salida a Toledo, pero el caso es que el momento llegó y se ha convertido en una experiencia muy especial para mí. Así que el sábado estaba en su apartamento a las 8 de la mañana esperando que se maquillase para salir hacia Toledo y a las 8:15 más o menos estábamos en el coche los dos. El sábado amaneció con lluvia en Madrid y decidí salir hacia Toledo atravesando el centro para enseñarle a Dita los puntos que me gustaban de esta arteria de la ciudad que me recogió y me encandiló hace tantos años: paseo de la Castellana, Colón, Biblioteca Nacional, Casa de América, Cibeles, Ayuntamiento, museo Thyssen, Neptuno, Palace Hotel, museo del Prado, Caixa Forum, Jardín botánico, Atocha, museo Reina Sofía… La conversación era fluida y apenas escuchamos la música que había preparado para el viaje siguiendo sus indicaciones de gustos…

Llegando a Toledo, Dita decidió pasar un poco a la acción y su mano, con no sé qué pretexto, se deslizó por mi mano hasta llegar a mi entrepierna. Pero lo dejó ahí, con un pequeño beso en la boca mientras yo seguía conduciendo. Llegamos pronto y dejamos el coche en el aparcamiento. En el ascensor, los primeros besos profundos, recorriendo con su lengua mis dientes y mi lengua. Pero en cuanto se paró el ascensor, Dita volvió a ser la mujer discreta que se cogía de mi brazo manteniendo las distancias. Desayunamos en la plaza de Zocodover, paseamos un poco e iniciamos la visita programada, empezando por la catedral, donde teníamos visita guiada. La conversación, casi en su totalidad, se había centrado en el aspecto histórico de España y de Toledo, con numerosas referencias personales que nos iban dando información sobre nosotros mismos. La visita de la catedral fue perfecta, con una guía dinámica y con conocimiento. A la salida, Dita, cansada porque había trasnochado bastante el día anterior (por trabajo, quiero especificar) me planteó pasar por el hotel, por si podíamos subir a la habitación. Pero no pudo ser y entramos en una cafetería, donde almorzó melón con jamón y un café. Estaba muy cansada, pero el almuerzo la levantó el ánimo y nos fuimos a ver el resto de monumentos previstos para la mañana: Santo Tomé, la sinagoga de Santa María la Blanca, San Juan de los Reyes… De vuelta hacia el hotel, encontramos un restaurante que nos gustó y entramos. La mesa estaba en un patio cubierto con un techo de cristal. El patio tenía elementos judíos y era bonito. Compartimos una ración de queso manchego de entrada y ella se pidió cordero asado en leña. Yo me decidí por un entrecot. De postre, compartimos una tarta de mazapán para que probase el dulce típico de Toledo. En la comida, casi por sorpresa, Dita se deslizó por una conversación más abiertamente sexual, aunque cuidando escrupulosamente que no hubiera nadie cerca. Luego nos fuimos hacia el hotel, hicimos el registro y subimos a la habitación. Había reservado una suite con jacuzzi. La habitación la gustó. – Vamos a dormir un poquito y luego tenemos sexo mientras vemos el Barça-Madrid, ¿te parece? ¿Cómo me iba a parecer mal? La forma directa de hablar de Dita me gustaba. Y su forma sexual, besando mi pecho a medio desnudar, acariciando levemente mi cara o mi culo, besándome de forma profunda la boca… Nos desnudamos y nos duchamos (primero ella y luego yo) y nos acostamos desnudos y abrazados. Eran las tres y media de la tarde. ¿Cómo describir la tarde? Estuvimos hasta las nueve de la noche en la cama y nos dio tiempo a todo: dormir, sexo e intentar ver el partido (pero no lo vimos, porque la habitación no tenía televisión de pago: nos tuvimos que conformar con la información que iban dando en otras cadenas). Dita durmió a intervalos mientras yo la miraba, la abrazaba o la acariciaba. Cuando se despertaba era un volcán encendido que me encendía y me consumía. Pero siempre suave y atendiendo a mis gustos (que no hizo prácticamente falta que se los dijese, porque los adivinaba sobre la marcha). Probamos varias posturas y me llevó al orgasmo, cayendo mi leche sobre mi tripa y su mano. Luego, conseguí empatar y su leche también cayó sobre su tripa y mi mano. Yo había perdido un poco la noción del tiempo y me encontraba en un estado de somnolencia y dejadez, abrazado a Dita. Luego salimos a cenar. Yo iba un poco sin fuerzas, cansado, desfallecido… Volvimos a la plaza de Zocodover y cenamos unas ensaladas de perdíz escabechada que recuperaron mi cuerpo. Dimos un paseo y volvimos al hotel. La noche estaba empezando y Dita volvía a tener sueño. Comentamos de darnos una ducha para relajarnos, pero Dita tuvo la idea de preparar el jacuzzi. Mientras esperábamos a que se llenase, estuvimos viendo algunas cosas en Internet y un poco la televisión (Uno de los nuestros). Por fin, el jacuzzi parecía que se había llenado, por lo que nos aprestamos a meternos en él…, pero la temperatura del agua era imposible de soportar, por lo que tuvimos que esperar un poco más hasta introducirnos en el agua. Aproveché para abrir la botella de champán que iba en la reserva de la habitación. Dita solamente media copa y yo la copa entera. Un rato tranquilos y pronto los pies de Dita empezaron a moverse por mi cuerpo, dándome un suave masaje con sus plantas en mi polla o intentando que su dedo gordo fuera introduciéndose por mi culo. No pude más y me incorporé lo suficiente como para abrazarla contra mí mientras nos fundíamos en un beso continuado y nuestras manos iban buscando los puntos más destacados hasta que estábamos ya un poco mareados, por lo que decidimos salir. Llegamos a la cama tan relajados que decidimos dormir un poco. Dita se puso un camisón corto (por arriba y por abajo) y un tanga a juego. Yo me acosté desnudo y me abracé a ella por detrás, aprovechando para acariciarla y besarla mientras ella se sumía en el sueño y su respiración se hacía más profunda y acompasada. Me quedé dormido abrazado a ella y, no sé cuánto tiempo después, aunque creo que poco, la noté despierta y utilizando su móvil mientras yo navegaba en la bruma de un sueño no completo en donde parecía ir por una montaña rusa entre el sueño y la vigilia (que siempre aprovechaba para verla a mi lado, acariciarla, besarla suavemente y pensar que era un afortunado por disfrutar de este momento). A mitad de la noche, una experiencia maravillosa: yo estaba abrazándola a ella que dormía ofreciéndome su espalda. Adormilado, me di la vuelta hacia el otro lado. Inmediatamente noté como ella se daba la vuelta a su vez y me abrazaba por detrás ensamblando su cuerpo contra el mío. Me pareció que mi cuerpo era una especie de ola que bailaba contra su cuerpo de una manera muy suave, pero estaba claro que unas veces la notaba más apretada que otras. Al principio, solamente me abrazó, pero luego su mano, no tengo muy claro cómo, acabó acariciando mi polla desde atrás mientras su aliento se hacía más fuerte en mi espalda. Acabamos totalmente despiertos y en plena acción… hasta que mi leche volvió a cubrir mi vientre y su mano. Por la mañana yo estaba exhausto, fundido, bebiendo agua como un naúfrago y comiendo chicles y caramelos en busca de un poco de fuerzas a la espera de la hora del desayuno. A las ocho y algo decidimos ducharnos para bajar a desayunar. Desayunamos en el propio hotel, con Dita siempre cariñosa conmigo, cuidándome, preocupada por mi cansancio. Decidimos volver pronto a Madrid, aunque antes pasamos por el mirador de la carretera del Valle, para contemplar las vistas de un Toledo inundado de luz. Llegamos a Madrid pronto. Solo cuando estaba en casa, tumbado en la cama en busca de recuperar mis fuerzas, pensé en que había vivido un fin de semana que será, creo, inolvidable para mí. Inolvidable porque me ha permitido estar con Dita muchas horas, conociéndola en su faceta personal además de en su faceta sexual. Porque ha sido mi primera salida por lugares públicos con una trans, mis primeros paseos con una mujer con polla, mis primeras conversaciones personales directas con una persona que me transmitía sus vivencias. He hecho realidad una ilusión que tenía: dormir con una trans. Y, curiosamente, se ha cumplido uno de los puntos más importantes: despertarme mientras ella me abrazaba por detrás y acariciaba mi cuerpo. También se ha hecho realidad otro punto: acariciarla mientras dormía y sentir cómo se despertaba: y, en este caso, su despertar fue enormemente sexual. Gracias, Dita, por tu compañía. Gracias por tu paciencia. Gracias por tu suavidad. Gracias por tu comprensión. Gracias por tu cariño.

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