Modificando ligeramente la letra de una canción que conozco, diré, El amor es como una cuchilla que te atrae con su frio y metálico dolor. Da igual donde te escondas sus ojos te penetran en el sacrificio de tu inocencia, y gritare de dolor, su nombre mordiendo las sabanas, sangrare de placer, esta noche seré para ti. Me decido a escribir por ser lector de las muchas experiencias que otros ya han vivido con Dita. Cuanta verdad en vuestras líneas, cuánta razón en vuestras palabras, conocerla es desearla. Diré que por mucho que mirara sus fotos y fantaseara, por mucho que leyera lo habilidosa que puede llegar a ser, ser un primerizo cruzando la puerta de ese piso me aterraba. Sus primeras palabras… ¿Te gusta lo que ves? Y aun no nos hemos despegado del pomo de la entrada. Hay muchos detalles, muchas sensaciones que contar, como se aproxima a ti, como domina los tiempos y la situación, como en el parpadeo te encuentras sin ropa, como sus otros ojos se clavan en los tuyos cuando estas arrodillado frente a ella. El frio y placentero dolor de la cuchilla, después, en su mirada diabólica de lujuria, tu inocencia ha caído en sus redes y el hombre que entro por aquella puerta ya no es el mismo que saldrá rato después. Si aun ahora me preguntarais si he disfrutado os diría que no lo se, ha sido todo demasiado, me quise asomar al infierno y pase finalmente ahí todo el invierno. Quizás, la mejor respuesta para quienes aun no han sucumbido a su mirada y sus encantos sería decir, fui y volveré, pues el hombre de sueños esta hecho, pero ella cumple las fantasías. Otro pedazo de canción dice, Hubo un tiempo en que me quedaba fuera plantado, recogiendo pedazos de amor del suelo, estas todo el día haciendo el amor, y yo fuera esperando mi turno, ahora ya estoy en tu habitación, si es un sueño no me despertéis, que ya recogí pedazos de amor ayer. Mil besos Dita, hasta pronto

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